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¿Estás llevando a cabo tu misión de vida?

misión de vida por Carmen Hernández Rosety mujerconsciente.org

¿Tengo una misión de vida?

¿Tengo las herramientas necesarias para hacerla?

¿De qué sirve que realice mi misión?

 

 Estoy segura de que, en ocasiones, te habrás realizado este tipo de preguntas. Hoy quiero contarte algunas comprensiones básicas sobre este asunto que nacen de la experiencia que he destilado de mi propio camino de vida, de impartir periódicamente un retiro grupal sobre la misión de vida y de la información que he ido canalizando del Ser de Luz María Magdalena.

Por supuesto que tienes una misión de vida. Todas las personas, todas las mujeres, hemos venido a experimentar y aprender sobre algo en concreto, hemos venido aquí con una misión.

De manera general todas las personas hemos venido a aprender sobre el Amor y lo hacemos sobre todo a través de nuestras relaciones. Ya pueden ser familiares, de pareja, de amistad, laborales… Aunque tengamos experiencias desagradables, desde un plano más amplio, no dejan de ser pruebas de ensayo y error sobre cómo me comunico con el otro y cómo le escucho, cómo me cuido y cómo cuido del otro, como acojo mi vulnerabilidad y cómo acojo la del otro, cómo pongo límites y cómo respeto los límites del otro…

 

A nivel individual además, cada uno tiene una misión determinada:

 

  • Algunas personas tienen como misión aprender sobre un valor como, por ejemplo, la Libertad, el Perdón, la Compasión… Y no es tan importante a qué se dediquen en la vida como el hecho de que consigan hacerlo, cada vez más, desde la vibración de la libertad, del perdón, de la compasión…
  • Otras personas, en cambio, tienen una misión relacionada con una acción definida. Puede ser una misión de transformación social, de maestría, de sanación… Y en estos casos, para realizar su misión de vida, sí que necesitan ubicarse en lugares más concretos para poderla llevar a cabo.

 

Tener una misión no te convierte en alguien especial porque absolutamente todos -tengamos conciencia de ello o no- tenemos una misión. Y es verdad que la combinación que hay en ti de misión, dones y heridas es especial en el sentido de que es única y singular. Eso hace que lo que tú vas a aportar y de la manera concreta en que tu puedes aportarlo, sea exclusiva.

¿Qué te aporta realizar tu misión?

Encaminarte a realizar tu misión de vida es algo que va a aportar un sentido cada vez más profundo a tu vida con todo el bienestar, la tranquilidad y la creatividad que eso conlleva. Además tiene un gran impacto social:

 

  1. Por un lado, cuando tú te encaminas hacia tu misión, inspiras sin pretenderlo a otras muchas personas a hacer lo mismo. Y cuantas más personas se van ubicando justo en su lugar, más Amor y Alegría auténtica hay presente en la vida, en las relaciones, en los hogares, en los encuentros, en los centros de trabajo... Una gran revolución se produce en silencio cuando los individuos hacen caso de su propia voz interna auténtica, en lugar de obedecer a las voces de otros o del mercado empresarial. No hay mejor vacuna contra el estado de consciencia patriarcal en el que vivimos. 
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  1. Por otro lado, encaminarte hacia tu misión, es responsabilizarte de tu parte respecto a la sociedad en la que vives, es cocrear justo aquello que está haciendo falta y de la manera en que se precisa. Muchas personas no acaban de dar el paso hacia aquello que les hace vibrar porque el miedo a no hacerlo bien les sujeta, la creencia de ¿quién soy yo en realidad para hacer esto? les frena, o bien la incertidumbre de no saber qué pasará, les bloquea. Lo he vivido y lo entiendo, y que importante es evitar quedarse anclada en la parálisis.

 

Cuanto más capaz eres de respetar lo que nace de ti, más verdaderamente puedes respetar lo que nace del otro. El Amor Incondicional nace primero hacia ti misma.

¿Qué son los dones o talentos?

Son las herramientas que tienes para llevar a cabo tu misión de vida.

 

Podrás reconocerlas fácilmente porque son aquellas habilidades que parecen innatas en ti. De hecho es posible que no les hayas dado mucho valor porque piensas que todo el mundo las tiene. Pero no es así, las tienes tú porque son justo las habilidades, dones o talentos necesarios para llevar a cabo tu misión.

 

También podrás vislumbrar cuáles son si te fijas en aquellas cosas que cuando las haces, no te cuestan ningún esfuerzo y además disfrutas mucho haciendo. Como por ejemplo, escuchar a tus amigas, decorar los espacios, escribir, pintar, cocinar, organizar encuentros…

 

Si aún así no tienes claro cuáles son tus dones o talentos, pregunta a las personas de tu alrededor y ábrete a recibir las contestaciones sin interrumpir y con los oídos bien abiertos, ya verás cuánta información valiosa te llega.

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Es importante que tengas en cuenta que, llevar a cabo tu misión o encaminarte hacia ella, también te va a invitar a salir de tu zona de confort en algunos aspectos.

 

 

Es decir, aunque traigas de serie unos recursos, es muy probable que para desarrollar tu misión tengas que enfrentarte a retos nuevos.

 

Te explico con un ejemplo de mi propia vida:

 

Siempre he tenido facilidad para escuchar las dificultades de otras personas y tiene que ver con lo que he venido a hacer, acompañar. Pero para que las mujeres supieran que quiero acompañarlas, he tenido que dar charlas, organizar encuentros, talleres, cursos… algo que me daba muchísimo miedo y que no sabía por dónde comenzar.

 

Tuve que enfrentarme a éstos retos cuando por fin dejé de verlos como obstáculos insalvables.

¿Qué tienen que ver mis heridas con mi misión de vida?

No venimos a sufrir porque sí, desde la perspectiva de los Seres de Luz venimos a tener unas experiencias determinadas que son las que nos van a permitir aprender sobre algo. No justifico ningún hecho traumático y es verdad que si somos capaces de mirar el hecho doloroso que hemos vivido, lo lloramos, hacemos el proceso de duelo y lo acabamos abrazando, con el tiempo podemos destilar una enseñanza o aprendizaje de ese acontecimiento. Esta enseñanza tiene que ver con la misión que has venido a realizar.

 

 

Nuestra herida principal de vida está relacionada con nuestra misión y, en la medida en que la sanamos, podemos llevar a cabo nuestra misión.

 

 

Voy a explicártelo con un ejemplo de una alumna muy querida:

 

Ella formó parte del retiro que imparto sobre la misión de vida y cuando previamente canalicé con los Seres de Luz, la misión para la que ella había encarnado, me contaron que había venido para cuidar de la Vida y para poner a las personas en contacto con la Vida.

 

En medio del retiro, cuando hicimos el trabajo de su herida principal, ella conectó con un dolor muy profundo y antiguo. Acompañándola me enteré de que cuando ella nació, vivió el rechazo de su propia madre. La madre hacía poco que había parido, no había tenido tiempo de recuperarse del parto anterior y se vio desbordada por una nueva maternidad. Mi alumna siempre sintió que de alguna manera sobraba en aquella familia.

 

 

Durante la dinámica de sanación de la herida pudo entablar una conversación metafórica con su madre que le resultó muy sanadora. En esa conversación ella se sintió por primera vez bienvenida y con derecho a estar aquí.

 

 

Mi alumna, rondando ya casi los 65 años, había trabaja toda su vida como enfermera. Sin saber para qué misión había encarnado, intuitivamente ella cuidó la vida. Pero sanar esa herida la hizo sentir muy bien, le dio mucha paz, mucha solidez y empezó a darse cuenta de cosas en forma de cascada. Meses después se siente mucho más empoderada y orientada en su camino. Sabe en su propia carne sobre el valor de la vida y siente la claridad y la fuerza para compartirlo y enseñarlo.

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 ¿Para qué vino eso hecho tan difícil a tu vida?

 

¿Qué sabiduría has incorporado en ti después de vivirlo y duelarlo?

 

¿Qué medicina ha entrado en ti tras cicatrizar la vivencia?

Desde la perspectiva de la misión de vida, las heridas tienen un sentido ligado a la misión.

 

 

Imagina ahora una persona que ha venido a aprender sobre el Amor Incondicional… Es muy probable que en sus primeros años de vida haya crecido en un ambiente hostil donde no se ha sentido vista, escuchada, respetada, cuidada… Y lo más normal es que a medida que haya crecido se haya tratado a sí misma como sus propios padres la trataron, incluso que lo reproduzca en las relaciones que vaya estableciendo.

 

 

Pero si llega un momento en que esta persona hace un proceso terapéutico respecto a esa etapa de su vida y puede llegar a ver, abrazar e incorporar a la niña que fue, logra que nazca en ella un Amor Incondicional hacia sí misma.

 

 

Es entonces cuando va a poder mostrar al mundo, aunque no lo pretenda, qué es el Amor Incondicional porque lo está vibrando en ella misma. Y porque también sabe perfectamente y en carne propia, que no es el Amor Incondicional.

 

 

Mirado desde esta perspectiva, esa persona es quién es hoy en día, gracias a lo que sus padres le dieron y también gracias a lo que no le dieron, porque la búsqueda de lo que faltó en su infancia y su sanación posterior, la ha llevado a aprender y experimentar sobre el Amor Incondicional.

 

“La herida es el lugar por donde entra la luz”, Rumi

Albergas la semilla de tu misión

La misión de vida que tienes está guardada dentro de ti en forma de semilla, esperando a ser regada con el agua adecuada para poder germinar y crecer. Y siendo solo una semilla pequeña, ya te va llamando para que la atiendas y la riegues. Es en la adolescencia cuando el camino para llevar a cabo tu misión, se activa. En las mujeres, concretamente, con la llegada de la menarquía, el primer sangrado.

 

Recuerdo hace muchos años, cuando veía por televisión manifestaciones o protestas organizadas, sentía que tenía que estar en esos lugares y que no estaba participando de cosas en las que tenía que participar. Por fin un día di el paso y pasé a la acción.

 

De participar en diferentes movimientos sociales pasé a dejar mi trabajo estable y seguro, para viajar durante un tiempo participando en un proyecto de desarrollo comunitario. A mi vuelta a casa ya comencé en otro sector laboral con el que me sentía mucho más identificada. Desde ahí me fui moviendo poco a poco, hasta ubicarme en el lugar en el que ahora estoy.

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Actualmente acompaño a mujeres a crecer personal y espiritualmente, a empoderarse, y a ubicarse en su lugar.

 

Me da mucha alegría ver cuando una mujer se valora, se posiciona en la pieza del puzzle que le corresponde y despliega su potencial.

Solo fue hace unos meses cuando supe, a través de un trabajo de canalización, que la misión para la que he encarnado es acompañar a las mujeres a ubicarse en su lugar, eso provoca una sanación en ellas y acaba fomentando una transformación social.

 

Resulta que me he colocado en mi lugar sin que nadie me lo hubiera dicho al oído, y es verdad que me ha llevado casi 45 años hacerlo.

¿Cómo puedes alinearte con la misión para la que has venido?

 

Es muy probable que ya estés realizando lo que has venido a hacer, de hecho es para lo que viniste. Si sientes que, dentro de las dificultades que la vida te trae, disfrutas de lo que haces, no tienes que hacer nada más, seguir gozándolo.

 

Si en cambio siente falta de interés por las tareas o trabajos que realizas, si la apatía está muy presente en ti desde hace tiempo, si enfermas con facilidad, si todos los días te parecen iguales... Es probable que te hayas alejado de lo que has venido a hacer y revisarlo te va a ir bien.

 

¿Qué puede ayudarte a conectar con tu misión?

  • Abrirte a sentir tu cuerpo
  • Tomar consciencia de las cosas concretas que te hacen vibrar
  • Gestionar y transitar el miedo
  • Soltar las metas rígidas que te piden demasiado esfuerzo
  • Sumergirte en lo que la vida te va trayendo, abriéndote a lo inimaginable.

 

 

En el próximo artículo te cuento más sobre cada uno de estos pasos.

Muchas gracias por tu tiempo y tu escucha.

 

Con amor,

Carmen

 

 

 

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