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¿Qué marca la diferencia entre un terapeuta y un buen terapeuta?

 

Una amiga muy querida se ha formado en Naturopatía, Esencias Florales de Bach y Descodificación. Es una mujer que siempre ha estado buscando, de una manera u otra, su propio bienestar. Y aquello que a ella le ha servido,  lo ha usado rápidamente para ayudar a los otros.

 

-No sé qué es lo que pasa, me apasiona lo que hago pero hay muchos clientes que vienen a verme una vez y después desaparecen-,  me decía preocupada estas navidades...

La escuché con atención y le hice unas cuantas preguntas:

-¿Qué pasa en la primera sesión?-, le dije

-Yo en la primera sesión, muchas veces ya veo lo que le pasa a la persona y con qué tiene que ver, y se lo digo. Pero la persona, en realidad, no quiere sanarse y por eso no vuelve-, insistía mi amiga, en una actitud entre defensiva y enfadada. 

 

 

Entonces le hablé de que cuando a una persona le damos algo que no ha pedido y/o que aún no puede tomar, esta persona se va porque no se siente respetada ni comprendida. También le hablé de que los clientes no son enigmas a descifrar.

 

 

La importancia de desarrollar una buena relación terapéutica

 

Cuando alguien viene a vernos, paciente o cliente, para aliviar algún tipo de sufrimiento, establecemos una relación. Una relación donde el  profesional se interesa por el cliente.  El éxito de la terapia, o de la intervención que hagamos, depende en gran medida de la capacidad del profesional de desarrollar una buena relación con el cliente. Es fundamental la creación de un buen vínculo con la persona para lograr el objetivo de la terapia.

 

Rogers decía, que el tipo de relación que establece el terapeuta, puede ser un factor que facilite el que en la persona se establezca un modo de funcionamiento sano. Yalom, incluso afirmaba, que la relación entre ambos, es lo que cura. 

Cuando el profesional ha podido establecer una relación de calidad, el cliente se va atreviendo a desplegar todos sus contenidos, por muy dolorosos o vergonzosos que sean, incluso los más difíciles de su vida. También entonces se atreve a adentrarse en su propia vulnerabilidad.

 

Es en este acto de reconocimiento del cliente, hecho en contacto con el sentir de su propio cuerpo, y desde una actitud consciente, donde la persona se da cuenta del conflicto que le enferma, de aquello que le daña, de las actitudes que tiene que le generan sufrimiento o enfermedad y/o de los programas que sigue, inconscientemente, y que le causan malestar.  Este poderoso insight favorece que la persona se dé cuenta que está necesitando y en qué dirección quiere caminar.

Este acto de reconocimiento del cliente, dentro de una relación de calidad establecida por el profesional, es lo que realmente le facilita el cambio hacia la salud o el bienestar.

 

¿Qué ingredientes hay en una relación terapéutica de calidad?

 

La erudición del profesional, las técnicas, los protocolos, las estrategias y los recursos, son poco sin el establecimiento de una buena relación terapéutica previa.

 

Para una relación de calidad el terapeuta ha de entrenarse en una actitud empática, con coherencia, autenticidad, presencia, conciencia y responsabilidad.

 

Genera una buena relación terapéutica aquel profesional que acompaña a la persona a darse cuenta de lo que le pasa y de lo que necesita. A ponerle conciencia a lo que hace, cómo lo hace y para que lo hace, para que pueda descubrir aspectos de sí misma que le mantienen en situaciones de sufrimiento, de repetición de programas heredados o de hábitos dañinos.

 

Y lo hace respetando el ritmo del cliente, acompañándole en los momentos difíciles de la sesión, mientras éste explora sus emociones, recursos o creencias, y encuentra el propio significado de lo que le está sucediendo.

Y, fundamentalmente, genera una buena relación, aquel que no interrumpe al cliente con consejos, juicios, soluciones o interpretaciones -fruto de sus propias proyecciones, fenómeno conocido como contratransferencia-.

El efecto devastador de la proyección del terapeuta en el proceso terapéutico

 

Quiero destacar el gran efecto devastador que las proyecciones del terapeuta tienen en la relación terapéutica y en el cliente. Y la gran ignorancia de esto hecho que tienen muchos profesionales del ámbito de la salud ya que en sus formaciones profesionales no les han hablado de ello o muy poco, y menos aún, han sido entrenados para dar consciencia a sus propias proyecciones.

 

Doy sesiones de supervisión,  individuales y grupales, y hace poco supervisé a una terapeuta que me traía el caso de una clienta con la que ella se sentía molesta e incómoda, era una clienta que tenía una relación con un hombre casado. La terapeuta que supervisaba no tenía mucha claridad sobre lo que estaba pasando en la relación con su clienta pero sí había sentido cierto rechazo hacia ella en las sesiones.

 

Cuando conjuntamente exploramos el caso, la terapeuta tomó consciencia de que ella misma, 30 años atrás, había tenido también una relación con un hombre casado. De hecho estaba a punto de casarse con su novio de toda la vida y lo dejó para irse con el hombre casado. Finalmente la relación con éste último no llegó a buen puerto, y la terapeuta, que entonces era un jovencita, enterró todo este asunto doloroso lo más hondo que pudo. Nunca más volvió a relacionarse con ninguno de los dos hombres.

Lo que la terapeuta pudo ver al venir a supervisión es que lo que le estaba pasando con su clienta, no tenía que ver con la clienta, sino con un asunto de su propia biografía,  pendiente de elaborar e integrar.

 

Los clientes acuden a nosotros para sanarnos, dice Peter Bourquin en su libro El arte de la terapia. Esta clienta, sin siquiera saberlo, estaba “ayudando” a la terapeuta a desenterrar aquel hecho doloroso del pasado no integrado, y sanarlo.

 

La terapeuta en cuestión,  es una excelente y respetada profesional, entre otras cosas porque supervisa. Revisa los casos donde intuye que pasa algo extraño, lo que le permite corregir de nuevo el rumbo del proceso terapéutico. Y también le permite, en muchas ocasiones, sanar aspectos de su propia biografía. 

 

Otro terapeuta, haciendo una contratransferencia como la del ejemplo anterior,  y sin acudir a supervisión, habría hecho cualquier cosa, por supuesto inconscientemente, que habría provocado el abandono de la terapia por parte del cliente. Cosas así ha hecho mi amiga sin darse cuenta.

 

Un último aspecto que quiero nombrar hoy, es que crea una buena relación,  aquel terapeuta que se considera, simplemente, un acompañante del paciente, y que se reconoce como humano, y como profesional,  con limitaciones.

Simplemente quiero resaltar que si acompañas a otros hacia la salud o el bienestar, ya sea físico, mental, emocional, espiritual o energético,  saber sobre relación terapéutica es de vital importancia para llegar a buen puerto.

¡!!!Mucha suerte y muy buenas relaciones terapéuticas!!!

 

Carmen Hernández Rosety

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